DESPIERTA SUEÑA

  

Islandia
Geografía volcánica, cultura en ebullición





Viajar en invierno a una de las ciudades más frías de Europa parece una locura, sin embargo, los atractivos que ofrece la capital islandesa compensan con creces las bajas temperaturas. Islandia es un país de una belleza que casi se podría definir como surrealista. La vitalidad de su capital, Reikiavik, es siempre una grata sorpresa.

Sin duda, uno de los muchos atractivos de esta pequeña isla es Laguna Azul, un spa de aguas geotermales rodeado de campos de lava. Imagina estar sumergido en el agua tibia, a una temperatura de 37-39°C, mientras los copos de nieve se derriten sobre tu cara y disfrutas de las luces del norte como espectacular fondo.

Muy cerca de la capital se encuentra la península de Snaefellsnes, conocida como “Islandia en miniatura” por la belleza de sus vistas, cuyo volcán es el escenario del Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne.

En los alrededores de la ciudad hay una amplia oferta de lugares para practicar deportes de invierno, y dentro de la capital, es divertido patinar en la laguna de Tjörnin.

La vida cultural de Reikiavik, de por sí activa, ha cobrado nuevos aires con el recientemente inaugurado centro de conciertos y conferencias Harpa. La estructura cristalina de Harpa, construida con más de mil bloques de vidrio, está inspirada en los paisajes islandeses y en sus tradiciones. Su espectacular diseño capta y refleja la luz de la ciudad, el mar y el cielo, con un efecto sorprendente. En su diseño participaron el estudio de arquitectura Henning Larsen, el artista Olafur Eliasson y Artec Consultants Inc. En 2013 recibió el Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea Mies van der Rohe.

La música es uno de los principales productos de exportación islandeses. Aunque el país tiene una población de apenas 322,000 habitantes (la UNAM tiene más estudiantes inscritos), Islandia ha dado al mundo de la cultura pop artistas tan influyentes como Björk, Sigur Rós o Gus Gus, que son sólo la punta del iceberg de una industria cultural que continuamente sorprende con sus propuestas.

Otro producto cultural que destaca es la gastronomía islandesa. Dill es considerado el mejor restaurante en Reikiavik. Su chef, Gunnar Karl Gislason, es pionero en el movimiento de la cocina nórdica contemporánea. Mientras que sus platillos son decididamente contemporáneos, el sello que marca la cocina de este restaurante es su compromiso con los productores locales y con la tradición islandesa. El servicio es impecable, así como la selección de cocteles y vinos, que incluyen licores desarrollados por el propio Gislason.

Islandia es sin duda, un rincón del mundo que vale la pena conocer y experimentar al máximo.


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